Sorrí ao teu idioma

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Sorrí ao teu idioma

O alumnado de 3º de Educación Primaria deseñou algunhas actividades para conmemorar este día dedicado á figura de Rosalía de Castro, a escritora máis importante da literatura galega e tamén a máis popular.  Entre as actividades, salientamos o cartel, feito por Gabriel Portela, e unha lista de reprodución con cancións elixidas por eles que vos animamos a oír no seguinte enlace: Spotify porque o mellor xeito de homenaxear a Rosalía e través dos seus versos e a súa obra:  

Canta porque a luz te escoite. 

Canta porque o millo medre. 

Canta, que fuxiu a noite. 

CANTA! CANTA! CANTA! 

E ti, tes algún poema ou verso favorito? Pono en comentarios! 

La alumna Macarena García Lastra de 1º de Ed. Primaria gana un accésit de la I Edición del Concurso de Redacción “Las escuelas-capilla rurales”

La alumna de 1º curso del grado de Educación Primaria, Macarena García Lastra, ha resultado ganadora en la I Edición del Concurso de Redacción “Las escuelas-capilla rurales” con un relato que tiene por título ‘Un ángel de carne y hueso’. El concurso, convocado por la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria, obra de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), tiene como objetivo dar a conocer la labor educativa desarrollada por Ángel Herrera Oria, cuando era obispo de Málaga, con la construcción de más de 200 Escuelas Capilla rurales en los años 50. Una acción que permitió escolarizar a niños de las zonas más inaccesibles de la provincia de Málaga y proporcionarles una educación primaria. Sin duda el legado de Ángel Herrera en su lucha contra el analfabetismo sigue inspirando hoy a futuras maestras como Macarena García, quien en su relato ha sabido captar cómo estas escuelas cambiaron la vida de los niños de entonces.

 

“Un ángel de carne y hueso” 

Qué frio hacía aquel invierno, corría el año 1947 y recuerdo con perfecta nitidez aquella mañana oscura en la que mi padre, mientras salía temprano a buscar algo de trabajo, nos gritó desde la puerta de nuestra vivienda que íbamos a hacernos ricos. Por aquel entonces yo tenía 8 años y pensaba que los ricos eran como los monstruos o las brujas, que solo existían en las historias que nos contábamos los chiquillos.  

Los pequeños de la casa seguíamos remoloneando en la cama, mi hermano pequeño me dio un codazo, después una patada y acabé en el suelo. ¡Qué poco me gustaba dormir con mi hermano Antonio! Antonio era el pequeño, tenía seis años y la poca carne que tenía en el cuerpo le daba una fuerza invencible. Siempre dije odiar dormir con mi hermano “el sonámbulo”, pero la verdad es que agradecía poder acurrucarme a él cuando se me daba por pensar en monstruos y gente rica en mitad de la noche. No tenía claro qué era un rico, pero como nunca los había visto, me daban miedo. 

Mi madre entró en la habitación a socorrerme, yo me había puesto a llorar después del golpetazo que me propició en sueños mi hermano, y después, con la elegancia que caracterizaba a mi madre para hacer cualquier cosa, cogió uno de sus libros y empezó a “leerlo”. Mamá no sabía leer, pero dibujaba como una artista y en sus ratos libres –que tenía pocos- nos hacía dibujos de piratas y tesoros, de dragones y princesas, y de gente rica, por supuesto. Nuestra madre nos enseñaba los dibujos y se inventaba las historias, a ella no le hacía falta leer, su imaginación volaba, como los dragones de los cuentos. En cuanto mamá entraba en la habitación y cogía el viejo taburete que usábamos unas veces de silla y otras de mesa, todos nos sentábamos a su alrededor, esperando impacientes a que nos contase una nueva historia de aventuras. 

Mamá nos besó a todos en la frente y comenzó su historia:  

“Hubo un día que nació un hombre bueno. Ese hombre es sacerdote y aparte de amar a Dios, ama a todos los hombres. Ese hombre se llama Ángel. No es un ángel de verdad, es uno de carne y hueso, y su misión a hacer en la Tierra es educar, ¡al mundo entero! Ángel vive en Málaga y un día soñó con que la madre de Juan, Antonio, Perico, Paco y Pedro aprendería a escribir y a leer, y también su esposo y sus hijos, ¡hasta el más pequeño!…” 

Mi madre nos explicó, a modo de cuento, que un ángel nos iba a enseñar a escribir y a leer, y que gracias a eso podríamos ir a la ciudad y ganar mucho dinero. Si supiese escribir y leer podría ser lo que quisiese: astronauta, policía o periodista, y podría tener un coche, uno de esos de los que oiría hablar a mi padre… ¡un seiscientos! 

A la mañana siguiente entendí que el señor que llevaría a cabo la idea de enseñarnos a leer y a escribir no era un ángel de verdad, era como decía mi madre, un ángel de carne y hueso. Pues aquel ángel personificado había tenido la brillante idea de educarnos, y no solo eso, de querernos.  En mi pueblo, Colmenarejo (Málaga), se designó un espacio para que aprendiésemos; estaba en la capilla del pueblo. Desde los 8 años hasta los 12 fui con mis hermanos a aquella escuela capilla, en el epicentro del pueblo. No miento si digo que fueron de los mejores años de mi vida, en los que saqué todo mi potencial, no miento. 

Desde aquel día no volvió a hacer frio ninguna mañana de invierno, aprendí a leer y a escribir con mis hermanos, y nuestra madre nos contaba historias y nosotros le ayudábamos a escribir los cuentos. 

Qué pobres éramos, pero qué poco nos importaba, ¿cómo iba a importarnos si nuestra madre nos contaba cuentos? Desde entonces hasta ahora, que ya soy algo más viejo, mi madre ha sido un pilar fundamental en mi vida, pero no solo agradezco a mis padres que nos sacasen adelante a mis hermanos y a mí, también siento un gran agradecimiento hacía la que fue mi profesora durante aquellos años de desconcierto. Aprendí tanto en aquella escuela capilla, pude enseñar tanto a mis padres… les debo la vida a ellos y siempre pienso que en parte les pagué la deuda leyéndoles periódicos y libros, escribiendo a mi madre sus cuentos. 

Tan solo había 14 kilómetros desde la capilla escuela hasta el Puerto de Málaga, y aunque eso a día de hoy se recorre en pocos minutos por la carretera, cuando yo era un chiquillo nos parecía que el Puerto de Málaga era un universo paralelo. En el año 1960 Málaga empezó a llenarse de gente extranjera, personas que hablaban un idioma que no entendíamos y cuya piel se incendiaba con tal solo ver el sol de lejos. Por fin pude comprobar qué era un rico, y comprendí que no daban miedo. No tenía claro si de mayor querría ser escritor como casi lo fue mi madre o rico, como soñaba mi padre con serlo. A día de hoy sé que cumplí más de un sueño: soy rico en conocimientos gracias a aquel ángel de carne y hueso que trajo a Málaga y a mi pueblo la posibilidad de soñar despiertos. Si mi padre siguiese vivo estaría orgulloso de que Juan, Antonio, Perico, Paco y Pedro fuesen a día de hoy ricos en amor y agradecimiento. De nuestros padres aprendimos el valor del esfuerzo y de aquella maestra que nos cuidaba con tanto cariño aprendimos el valor del conocimiento. 

Descubrí la felicidad a través del aprendizaje, no solo basado en ampliar mi conocimiento, también en la capacidad que me abría a la hora de socializar, de defender y plasmar una idea, o de aprender a escuchar la contraria, el aplomo y la seguridad de conocer la verdad y poder trasladarla a la práctica. Y entonces lo encontré,  en el estudio, en el afán de querer saber y saber, en el cómo y el porqué de las cosas, el gran placer de la vida.  

¿Qué es la felicidad abuelo? – me preguntan hoy mis nietos. La felicidad es tenerles cerca, pero además es poder saber de todo, y saberlo. El conocimiento es el mayor regalo que me ha dado la vida, disfruto leyendo y aprendiendo, aunque tenga 81 años no me canso de aprender cada día algo nuevo. Hay que aprender a agradecer lo que somos y lo que tenemos.

DE ERASMUS EN PLENA PANDEMIA

Non semellaba o mellor ano para irse de Erasmus, pero as alumnas de 3.º curso do grao de Educación Infantil, Rita Alonso e Laura Fernández González tivérono claro dende que o pasado mes de febreiro lles comunicaron que lles fora concedida a bolsa de Erasmus. A pesar de no mes de marzo viron ameazada esa posibilidade, non perderon a fe e seguiron adiante con todos os trámites. “A Covid-19 motivounos aínda máis para querer saír da nosa casa e descubrir mundo despois de tantos meses encerradas. As ganas que tíñamos de vivir a experiencia eran maiores que o medo”, sinalan dende a súa estadía en Módena (Italia).

Entre as dificultades que se atoparon neste ano tan convulso destacan a incerteza ata o último momento de se a Universidade de Módena aceptaría ou non estudantes Erasmus, a busca de aloxamento e conseguir facer unha proba PCR antes de voar rumbo a Italia. Malia a todos estes problemas e a todas as restricións que a crise sanitaria impón, Rita e Laura amósanse felices e afirman que se senten moi afortunadas por todo o que están a vivir, aínda que si, recoñecen que botan moito en falta as súas familias e amigos que “se preocupan moito por nós debido a situación actual”.

Neste tempo na rexión italiana, estableceron uns lazos de amizades moi fortes o que as leva a falar xa da súa familia italiana, recoñecen que cando lles toque volver botarán  tamén de menos a esta familia italiana e a  “esta cidade que é fermosa e xa a sentimos nosa, unha boa pizza, a pasta, movernos coas nosas bicicletas… máis ben de Módena botaremos de menos todo”. No plano académico, destacan como unha grande oportunidade poder estudar na Facultade de Educación de Reggio Emilia, recoñecida polo seu traballo na formación de docentes, da que se quedan coas “variadas e interesantes opcións de materias que temos para escoller e coa profesionalidade dos docentes, moi atentos sempre co alumnado Erasmus”.

Cando se lles pregunta que lles gustaría transmitir os  seus compañeiros da Escola de Maxisterio sobre o seu Erasmus, non o dubidan: “Gustaríanos animar a todo o que lea isto a vivir esta experiencia. Non sabemos como vai ser a situación cando lles toque vir a eles, pero se nós, en plena Covid-19, estamos a vivir a mellor experiencia das nosas vidas, como será todo isto cando volva a normalidade?”, pregúntanse e rematan cunha sentencia: “Nun Erasmus, non hai tempo para pensar na palabra ‘aburrimento’.

RECOGIDA DE ALIMENTOS #NuevaNavidadCEU

Deposita tu donación en las cajas que encontrarás a la entrada de tu Centro CEU, donde te darán más indicaciones. Aunque todas las donaciones son bienvenidas, nos han transmitido que las más necesitadas son las de los siguientes alimentos:

Leche entera |  Colacao  |  Café  |  Aceite  |  Galletas  |  Cereales  | Azúcar  |  Quesitos  |  Patés  |  Arroz  |  Tomate  |  Crema de cacao  |  Harina  |  Pastas  |  Legumbres  |  Zumos  |  Conservas en lata  |  Productos envasados al vacío.