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Teresa de Jesús, la mujer y las mujeres
Teresa de Jesús, mujer, monja, Carmelita Descalza, fue un referente en el siglo XVI y lo sigue siendo en nuestros tiempos, no sólo a nivel eclesial por haber sido una mística extraordinaria, sino también a nivel social y cultural, por haber promovido la dignidad de la mujer y su capacidad para gobernarse y para asumir las riendas de su propia vida.
Tras contextualizar brevemente la situación de la mujer en el S. XVI, haremos un recorrido por las etapas fundamentales de la vida de Teresa de Jesús, la mujer, para luego introducirnos en el tema de su relación con las mujeres de su época, y la influencia ejercida sobre ellas, agrupadas en tres categorías: i) las que la siguieron y se hicieron monjas; ii) las que les cambió la vida tras conocerla; y iii) aquellas que fueron totalmente indiferentes o actuaron en contra de ella.
Myrna Torbay
Miembro de la Orden del Carmelo Descalzo Seglar, es ingeniera civil, diplomada en Pastoral de la Salud y tiene un máster en Mística y ciencias humanas.
Ha participado en numerosas charlas, cursos, talleres, conferencias y retiros en varias instituciones y organizaciones religiosas y eclesiásticas. Actualmente es miembro de la Universidad de la Mística de Ávila.




El acceso de la mujer a la educación universitaria fue una carrera de obstáculos. Desde el disfraz de Concepción Arenal para poder asistir a sus clases de Derecho hasta las dificultades que Olimpia Valencia y las hermanas Fernández de la Vega hubieron de enfrentar para cursar Medicina y ejercer como médicas. Una vez que estas pioneras universitarias comenzaron a tener presencia en las universidades, se abrió un debate respecto a si existían unas carreras más aptas para las mujeres que otras. Magisterio se convirtió entonces en una carrera con presencia femenina mayoritaria. Esto ha provocado que la labor y la formación de estas mujeres se haya visto opacada o silenciada. Por ello, con motivo del día del 8 de marzo queremos rendir homenaje a las primeras promociones de maestras que se formaron en nuestra Escuela. Ellas, como tantas otras, a lo largo de años provocaron que lo que en un principio era anecdótico se convirtiese en algo totalmente normal en las aulas universitarias. Sin duda estas primeras promociones de maestras con una formación completa y sólida contribuyeron a rescatar a miles de niños y niñas de la ignorancia más absoluta y les otorgaron el bien más preciado: un saber consciente que ensanchó sus horizontes.
Las primeras formaciones cursaron sus estudios en la sede de las Jesuitinas en Vigo, hasta que en el curso 1974-1975 la escuela de Magisterio se trasladó a su sede actual, en las instalaciones del Seminario Mayor ‘San José’. De este período destacan nombres como Clara Santos Alfonso, docente que impartió durante más de treinta años en la Escuela las asignaturas Educación Física y Formación Cívico-Nacional, o el de Felisa Villacorta Rodríguez también con una dilatada carrera en la Escuela en la que desempeñó el cargo de secretaria e impartió las asignaturas de Pedagogía y Didáctica.
En la imagen podemos ver la primera promoción (1956-1959) de maestras de Vigo, cuando aún tenían la sede en las Jesuitinas y cuando aún no era una escuela universitaria. En la orla aparecen como profesoras: Juana Ros Gabarain, Mª Paz Moreno, Ana Mª García Leza, Piedad Pascual Pascual, Arrate Zarasqueta Aldazábal y como alumnas, Cándida Buceta Ferreiro, Cristina de Cáceres García, Francisca Camacho Góngora, Mª del Carmen Cuadrado Alcalde, Gloria Fontenla, Amparo García Vázquez, Mª teresa González González, Mª Teresa González Martínes, R. González Pérez, M. A Iglesias, María de los Ángeles Saiz Fernández, Mª Cristina Legerén Buceta, M. I. Míguez Álvarez, Mª Dolores Pereira Rey, Mª del Pilar Peláez Lomana, Mª del Carmen Puga, Mª José Saborido Comesaña, Antonia Sánchez, Socorro Trigo Cochón y Mª Dolores Varela.

O alumnado de 3º de Educación Primaria deseñou algunhas actividades para conmemorar este día dedicado á figura de Rosalía de Castro, a escritora máis importante da literatura galega e tamén a máis popular. Entre as actividades, salientamos o cartel, feito por Gabriel Portela, e unha lista de reprodución con cancións elixidas por eles que vos animamos a oír no seguinte enlace: Spotify porque o mellor xeito de homenaxear a Rosalía e través dos seus versos e a súa obra:
Canta porque a luz te escoite.
Canta porque o millo medre.
Canta, que fuxiu a noite.
CANTA! CANTA! CANTA!
E ti, tes algún poema ou verso favorito? Pono en comentarios!






La alumna de 1º curso del grado de Educación Primaria, Macarena García Lastra, ha resultado ganadora en la I Edición del Concurso de Redacción “Las escuelas-capilla rurales” con un relato que tiene por título ‘Un ángel de carne y hueso’. El concurso, convocado por la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria, obra de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), tiene como objetivo dar a conocer la labor educativa desarrollada por Ángel Herrera Oria, cuando era obispo de Málaga, con la construcción de más de 200 Escuelas Capilla rurales en los años 50. Una acción que permitió escolarizar a niños de las zonas más inaccesibles de la provincia de Málaga y proporcionarles una educación primaria. Sin duda el legado de Ángel Herrera en su lucha contra el analfabetismo sigue inspirando hoy a futuras maestras como Macarena García, quien en su relato ha sabido captar cómo estas escuelas cambiaron la vida de los niños de entonces.
Qué frio hacía aquel invierno, corría el año 1947 y recuerdo con perfecta nitidez aquella mañana oscura en la que mi padre, mientras salía temprano a buscar algo de trabajo, nos gritó desde la puerta de nuestra vivienda que íbamos a hacernos ricos. Por aquel entonces yo tenía 8 años y pensaba que los ricos eran como los monstruos o las brujas, que solo existían en las historias que nos contábamos los chiquillos.
Los pequeños de la casa seguíamos remoloneando en la cama, mi hermano pequeño me dio un codazo, después una patada y acabé en el suelo. ¡Qué poco me gustaba dormir con mi hermano Antonio! Antonio era el pequeño, tenía seis años y la poca carne que tenía en el cuerpo le daba una fuerza invencible. Siempre dije odiar dormir con mi hermano “el sonámbulo”, pero la verdad es que agradecía poder acurrucarme a él cuando se me daba por pensar en monstruos y gente rica en mitad de la noche. No tenía claro qué era un rico, pero como nunca los había visto, me daban miedo.
Mi madre entró en la habitación a socorrerme, yo me había puesto a llorar después del golpetazo que me propició en sueños mi hermano, y después, con la elegancia que caracterizaba a mi madre para hacer cualquier cosa, cogió uno de sus libros y empezó a “leerlo”. Mamá no sabía leer, pero dibujaba como una artista y en sus ratos libres –que tenía pocos- nos hacía dibujos de piratas y tesoros, de dragones y princesas, y de gente rica, por supuesto. Nuestra madre nos enseñaba los dibujos y se inventaba las historias, a ella no le hacía falta leer, su imaginación volaba, como los dragones de los cuentos. En cuanto mamá entraba en la habitación y cogía el viejo taburete que usábamos unas veces de silla y otras de mesa, todos nos sentábamos a su alrededor, esperando impacientes a que nos contase una nueva historia de aventuras.
Mamá nos besó a todos en la frente y comenzó su historia:
“Hubo un día que nació un hombre bueno. Ese hombre es sacerdote y aparte de amar a Dios, ama a todos los hombres. Ese hombre se llama Ángel. No es un ángel de verdad, es uno de carne y hueso, y su misión a hacer en la Tierra es educar, ¡al mundo entero! Ángel vive en Málaga y un día soñó con que la madre de Juan, Antonio, Perico, Paco y Pedro aprendería a escribir y a leer, y también su esposo y sus hijos, ¡hasta el más pequeño!…”
Mi madre nos explicó, a modo de cuento, que un ángel nos iba a enseñar a escribir y a leer, y que gracias a eso podríamos ir a la ciudad y ganar mucho dinero. Si supiese escribir y leer podría ser lo que quisiese: astronauta, policía o periodista, y podría tener un coche, uno de esos de los que oiría hablar a mi padre… ¡un seiscientos!
A la mañana siguiente entendí que el señor que llevaría a cabo la idea de enseñarnos a leer y a escribir no era un ángel de verdad, era como decía mi madre, un ángel de carne y hueso. Pues aquel ángel personificado había tenido la brillante idea de educarnos, y no solo eso, de querernos. En mi pueblo, Colmenarejo (Málaga), se designó un espacio para que aprendiésemos; estaba en la capilla del pueblo. Desde los 8 años hasta los 12 fui con mis hermanos a aquella escuela capilla, en el epicentro del pueblo. No miento si digo que fueron de los mejores años de mi vida, en los que saqué todo mi potencial, no miento.
Desde aquel día no volvió a hacer frio ninguna mañana de invierno, aprendí a leer y a escribir con mis hermanos, y nuestra madre nos contaba historias y nosotros le ayudábamos a escribir los cuentos.
Qué pobres éramos, pero qué poco nos importaba, ¿cómo iba a importarnos si nuestra madre nos contaba cuentos? Desde entonces hasta ahora, que ya soy algo más viejo, mi madre ha sido un pilar fundamental en mi vida, pero no solo agradezco a mis padres que nos sacasen adelante a mis hermanos y a mí, también siento un gran agradecimiento hacía la que fue mi profesora durante aquellos años de desconcierto. Aprendí tanto en aquella escuela capilla, pude enseñar tanto a mis padres… les debo la vida a ellos y siempre pienso que en parte les pagué la deuda leyéndoles periódicos y libros, escribiendo a mi madre sus cuentos.
Tan solo había 14 kilómetros desde la capilla escuela hasta el Puerto de Málaga, y aunque eso a día de hoy se recorre en pocos minutos por la carretera, cuando yo era un chiquillo nos parecía que el Puerto de Málaga era un universo paralelo. En el año 1960 Málaga empezó a llenarse de gente extranjera, personas que hablaban un idioma que no entendíamos y cuya piel se incendiaba con tal solo ver el sol de lejos. Por fin pude comprobar qué era un rico, y comprendí que no daban miedo. No tenía claro si de mayor querría ser escritor como casi lo fue mi madre o rico, como soñaba mi padre con serlo. A día de hoy sé que cumplí más de un sueño: soy rico en conocimientos gracias a aquel ángel de carne y hueso que trajo a Málaga y a mi pueblo la posibilidad de soñar despiertos. Si mi padre siguiese vivo estaría orgulloso de que Juan, Antonio, Perico, Paco y Pedro fuesen a día de hoy ricos en amor y agradecimiento. De nuestros padres aprendimos el valor del esfuerzo y de aquella maestra que nos cuidaba con tanto cariño aprendimos el valor del conocimiento.
Descubrí la felicidad a través del aprendizaje, no solo basado en ampliar mi conocimiento, también en la capacidad que me abría a la hora de socializar, de defender y plasmar una idea, o de aprender a escuchar la contraria, el aplomo y la seguridad de conocer la verdad y poder trasladarla a la práctica. Y entonces lo encontré, en el estudio, en el afán de querer saber y saber, en el cómo y el porqué de las cosas, el gran placer de la vida.
¿Qué es la felicidad abuelo? – me preguntan hoy mis nietos. La felicidad es tenerles cerca, pero además es poder saber de todo, y saberlo. El conocimiento es el mayor regalo que me ha dado la vida, disfruto leyendo y aprendiendo, aunque tenga 81 años no me canso de aprender cada día algo nuevo. Hay que aprender a agradecer lo que somos y lo que tenemos.
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